domingo, 15 de julio de 2018

¡ CUÁNDO MANDA EL CORAZÓN !

¡Hay recuerdos que permanecen por siempre vívidos en un rincón del alma y dejan huellas de luz y de inocencia! Entre mis primeros recuerdos, está siempre la pureza de la naturaleza, los pequeños animales con los que compartí mi infancia y flores, muchas flores.
 Ni siquiera sabía que existía ni un solo niño más en el mundo, porque yo no los veía, pero era inmensamente feliz rodeada de mucho amor.
Tenía un gran jaulón que me había hecho Paco el Cabrero en él tenía diferentes animales, como palominos, ranitas verdes de San Antonio, grillos cantores, tortugas, un bote de hojalata con caracoles y hasta un erizo de púas que se enrollaba como una pelota, les cuidaba, les daba de comer, incluso les sacaba a pasear por las callejas de Malhincada para que les diese el aire y aprendiesen el nombre de las flores… ¡Cuánta ternura siento al evocar lo que hacía!
Además tenía a todas las gallinas y conejos que vivían en el corral, la burra Sabina, que me adoraba y me dejaba peinarla el rabo, los conejos, los cerdos, gatos y dos vacas. 
Un día Cloe, mi gallina favorita con plumas rojas, se fue a vivir con nosotros a casa en una cesta de mimbre, me llenó de alegría, podría cogerla y jugar con ella, solo para mí.… lo peor fue, cuando mi padre me dijo que no podía tocarla ni sacarla de la cesta, porque Cloe, estaba clueca y muy pronto iba a tener pollitos pequeños.
Desde el primer día, fui la guardiana de Cloe, y cada día preguntaba cuánto faltaba para que tuviese sus hijitos, me sentaba cerca de ella y me pasaba el día hablándola y contándola cuentos, canciones…
Cuándo no me veían la cogía un ratito, para jugar con ella y ver si sus hijitos ya habían nacido, pero Cloe, me daba picotazos y tenía que soltarla y se metía corriendo en su cesta con sus huevos.
Al fin, Cloe tuvo a sus hijitos, pero eran feísimos, todos mojados, con los ojos a medio abrir y madre, les daba de comer, pan mojado en vino a cada uno de ellos, esto sí que me alucinó, los polluelos tragaban la miga de pan con vino y luego los colocaba debajo del cuerpo de Cloe… -¿Mama, por qué haces eso? ¿es qué a los pollitos les gusta el vino?...-No, es que esto les da fuerzas y calor para que comiencen a vivir y se hagan grandes y bonitos. ¡Vaya secreto que escuché, era mágico!
Me olvidé de todo, solo veía como los polluelos casi sin pelos, comían el pan mojado en vino, yo estaba alucinada. Cuándo madre se fue, me dijo que cuidase que ninguno saliese de debajo del cuerpo de su madre…¡Era una misión importantísima…! 
Pero, ayyy, yo tenía una mejor idea… y preparé, pan y vino en dos platos, me lo mandaba el corazón y uno a uno, les fui sacando y les llenaba la boca de pan mojado en vino, hasta que lo regurgitaban y cogía el siguiente, para hacer lo mismo… no sé el vino que les pude dar ,mucho,  porque descubrí que era mucho más fácil, darles poco pan y muy mojadito en el vino… 
 ¡Y así hecha esta gran misión de cuidadora, me volví a sentar cerca de Cloe y levantaba su ala de vez en cuando para ver si ya sus hijitos se habían vuelto con plumas amarillas…pero nada de nada, solo estaban dormidos, muy dormiditos!
Cuándo llegó  madre, levantó a Cloe, para que comiese y… ¡Ayyyyy, la que se organizó, los pollitos estaban todos dormidos, como muertos, ni se movían…!y como las madres son muy sabias, me miró muy enfadada y me preguntó qué había pasado… ¡Y yo que era una niña buenísima, dije la verdad, que les había dado pan con mucho vino, para que se hiciesen grandes, fuertes y amarillos…!la azotaina que me llevé fue horrible, ¡había emborrachado a toda la camada de polluelos y se podían morir! Yo lloraba a gritos, me dolía más que se muriesen los polluelos de Cloe, que los azotes que me habían dado.
Madre, preparó un cubo con agua y cogiéndoles por las patas, les metía en él, hasta que comenzaban a espabilarse, cogía uno, otro, volvía a coger a otro… y yo mientras gritaba a pleno pulmón…¡Ayyyyy qué se van a morir los pollitos por mi culpaaaa! 
¡Ayyy que soy una matadora de pollitossss! soy mala, yo solo quería que se hiciesen grandes… y entre mocos y lágrimas me pasé llorando toda la tarde, hasta que llegó mi padre y me cogió en sus brazos y me dijo que yo era una niña muy buena, porque creía que así ayudaría a los pollitos de Cloe…
¡A los polluelos se les pasó la borrachera, se les secaron las plumas mojadas y comenzaron a tenerse de pie ¡Estaban salvados!…Pero el gran trauma de matadora de pollos, me duró varios días, y aún hoy siento la inocencia de mis acciones y la gran borrachera de mis pollitos!

28 comentarios:

  1. De pequeño, siempre quise alcanzar la puesta de sol... bañarme en aquel colorido de tonos rojizos donde el horizonte, une la tierra con el cielo.
    Todas las tardes eran diferentes y mágicas pero por más que anduviera, nunca llegué a alcanzar ningún atardecer. Para un niño inocente aquello era el fin del mundo y según se escuchaba en una canción, sólo el que era capaz de llegar al límite, sabría de primera mano lo que pasaría en el futuro. Aquel deseo era mi secreto y no comprendía porque la gente pasaba de largo sin apreciar aquel don del cielo.
    Desde lo alto de la calle más empinada se divisaba el milagro veraniego. La brisa de la tarde lanzaba mi flequillo al viento y mi mirada, se perdía como el vuelo de una golondrina que vuela por encima de olivares. Todas las tardes lo mismo y yo, fiel a la cita. Aún hoy, mi mirada se vuelve a perder por el cielo de Andalucía y el 1.82, se queda en 1.10.
    Mi empeño no tuvo descanso hasta que un día tuve la idea más tonta del mundo. ¿Cómo no se me ocurrió antes?¿Cómo no me di cuenta? . Pensé que si el atardecer siempre se colocaba a la misma hora en el mismo sitio, un tiempo antes pasaría por encima de mi cabeza hasta llegar al horizonte, traspasarlo , y ceder el puesto a la noche. Así que, horas antes del atardecer, mis ojos acechaban vigilantes el cielo por ver pasar aquella gama de tonos rojos y anaranjados. Pero todo sueño tiene su final y el mío lo puso mi abuela. Cuando me vio tan atento al cielo me pregunto que era lo que me pasaba y yo le dije mis intenciones. Ella se echo a reir y me dijo que el atardecer solo pasa en el horizonte...que no fuera tonto...Hoy, mi querida Angeles , me pregunto cuantas son las tonterías que pueblan nuestra cabeza ayudándonos a vivir...Nada más.

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    1. Gracias Buscador por contarme su vivencia infantil. Este verano le he recordado varias veces, las puestas de sol en Extremadura, son idílicas, y he hecho infinidad de fotografías del atardecer, llena de inmensos coloridos y pensaba si pudiese mandárselas a Buscador, se bañaria espiritualmente en estos colores...
      Creo que quienes amamos la naturaleza y todo lo que en ella habita, en nuestra alma hay momentos únicos vividos en ella. No deje de soñar Buscador, un hombre sin sueños es un hombre sin alma y usted vive en sus sueños.

      Desde el corazón, un abrazo.
      Ángeles

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  2. Ángeles, una historia encantadora y llena de simpatia y amor hacia los animales- leerlo me ha hecho añorar mi infancvia petro yo sin animaless.
    Infuerte abrazo.

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    1. Ay palabras al viento, aunque un poco tarde estoy contestando ahora a quienes escribieron un comentario en mi entrada, no pude hacerlo en su momento. Gracias por el comentario que me deja, es verdad que hay momentos de nuestra vida que son inolvidables.

      Con cariño, un abrazo.
      Ángeles

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  3. Quertida amigaque feliz tuvistrs que ser de pequeña dando tu cariño a todos esos animalitods y que te hacian la niña mas feliz del mundo. Un bello relato y espero que si tienes una perrita no la des pan con vino como a tus pobres pollitos.

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    1. Si, halconcien, fui muy feliz, desde muy pequeña tuve el amor de mi padre de todos los que vivían cerca de mí y además me sentía querida por todos los animales que siempre tuve. Me he preguntado muchas veces ¿Por qué ningún animal me hizo daño, ni me picó, ni me dió una patada, con la de veces que peinaba la cola de mi burra Sabina y ella estoícamente aguantaba mis parloteos y los tirones de su cola, era genial.
      Estos recuerdos continúan habitando en mí y el recordarlos me llena de sentimientos.

      Un abrazo con cariño.
      Ángeles

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  4. Una encantadora historia llena de ternura, aunque yo creía que era un cuento, pero de cualquier forma que sea, es una hermosura que me ha encantado leer.
    Un placer y un abrazo.

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    1. No, no, de cuento nada Elda, fui la protagonista de esta borrachera de mis pollitos y aún hoy veo a mi madre como les cogía por las patas y les metía en un cibo con agua, mientras yo lloraba a moco tendido creyendo que se iban a morir.

      Besos con cariño.
      Ángeles

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  5. Es precioso tu relato de una niña a la que su gran generosidad la puso en tremendo aprieto. ¿Cómo lo iba a saber?
    Besos.

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    1. Pués creo que eso mismo debéría haber pensado mi madre, porque no me libré de unos azotes y lo peor, la prohibición total de acercarme a Cloe y a sus pollitos... ( Esto no lo cumplí) los besuqueaba y hablaba cuando no me veían... cuanta ternura tenemos en la infancia.

      Desde el corazón, un abrazo.
      Ángeles

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  6. Ay Ángeles, esto resultó tragicómico! Tu intención era buena pero muy inocente, eso te salvó y a tus polluelos, un abrazo a tus poquitos años!

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    1. Hoy me río y me causa una gran ternura lo que hice... mi intención, era dar de comer a los pollitos para que se hiciesen grandes y cómo engullían el pan con vino, debía gustarles mucho, por eso yo continúaba con haciéndolo.

      Beos para ti Mª Cristina
      Ángeles

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  7. jajajaja Pollitos borrachos! Es tragicómico, pero he de admitir que me dio más ternura que susto. Los niños son así, se dejan guiar por el instinto altruista. Lo que dijo tu padre es verdad, eras buena por querer ayudar. Quizás sólo falto una advertencia o no dejar el vino a tanto alcance. Si aún no lo has hecho, perdónate, porque fuiste movida por un corazón puro que amaba a Cloe y a sus pollitos.

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    1. Así ocurrió kadannek, mi intención era buena, pero no sé si no llega mi madre, si los polluelos no hubiesen muerto algunos por una sobredosis de vino... me durò la culpa varios días, hoy siento una gran ternura por esa niña que fui y aún habita en mi alma.

      Besos con cariño
      Ángeles

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  8. A mi me encantó este relato
    lleno de vida, de cosas mágicas que se anidan en el corazón para siempre
    y son las que nos hacen ver con ojos de vida a todo cuanto nos rodea
    que hermoso que fuiste criada rodeada de animales , me encantó eso que le peinaras la cola a esa burra . jajjaja esa si es hazaña con lo remilgadas que son...
    Me hiciste ir a mis tiempos de pequeña, pues me crié en el campo libre como un ave y supe de todas sus maravillas...
    es verdad uno hace cosas así como la que te sucedió con los pollos
    en casa se hacía eso, pero era de picardía , le dimos a beber chicha fuerte a los gallos y cerdos ...para verles como se mareaba y en caso del gallo cantaba todo rayado y el cerdo paraba las patas, jejejejjeje
    eso no estaba bien y claro nos lo hacía saber la madre con la zurra que nos daba , pero la picardía hecha , curiosidad satisfecha...
    cosas de niños que aprendimos a no hacer más , pero en verdad fui algo diablilla ...me sonrojo de eso, más lo pase genial y eso me da para querer mucho más a las cosas de la Tierra.

    te dejo un gran abrazo.

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    1. Gracias por tus palabras Magdeli, de veras que fuimos felices, yo personalmente no sabía siquiera que existían otros niños como yo, pero estuve rodeada de mucho amor, en contacto con la naturaleza y de muchos animalillos que cogía y hablaba con ellos y hasta algunos les cantaba canciones que me inventaba... y de verdad que mi burra Sabina me adoraba, la de tirones que debí darla peinándola y nunca jamás se movió o me dio una coz, como hubiese sido lo más normal.

      Un abrazo para ti.
      Ángeles

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  9. Hola Ángeles, los primeros años de la vida de un niño son básicos, y es que son como esponjas y absorben todo lo que ocurre a su alrededor. Más de uno hemos crecido atesorando recuerdos que te hacen retroceder a algún momento feliz de la infancia. Tus vivencia es muy tierna, es una historias de vida que siempre te acompañara, los juegos de antaño no tienen que ver con los de ahora, antes éramos felices disfrutando de todo lo que nos daba la tierra, y teníamos un gran respeto por los animales. Crecimos rodeados de ellos, y los cuidamos como mejor se nos daba, dándoles amor y mucho cariño.
    Felices vacaciones, cuídate.
    Un abrazo de luz!

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    1. Hola Cristina, es cierto que nuestra infancia fue muy diferente a la de nuestros hijos o los niños de ahora. Yo continúo siendo esa misma esponja que atesoro en el alma todo lo que veo y me emociona, este verano me he llenado de sol, de paisaje, de nuestro río, que el pobre cada vez lleva menos agua y sobre todo de los silencios de oro que me anegan de emociones, escuchar, escuchar con el alma, porque cada ser vivo, tiene su propio lenguaje...me he dopado con todas estas vivencias.

      Un gran abrazo desde el corazón.
      Ángeles

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  10. Una dulce y bonita historia.
    Te deseo un feliz verano.
    Un beso🌸🌸🌸

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    1. Gracias Amalia por tus palabras, este recuerdo permanece en mí tan real y vívido como cuándo ocurrió.

      Besos con mi cariño.
      Ángeles

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  11. Hola Angelines.Es muy gracioso todo lo que cuentas de tu niñez. La gallina clueca se debía cuidar y respetar.Solo cuando habían nacido los polluelos nos podíamos acercar para verles.
    Verdaderamente nuestra infancia fue genial.
    Que pases un feliz verano
    Un fuerte abrazo

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    1. Ayy Carmen, si yo misma me río cuando recuerdo a los pobre pollitoe sin plumas metidos en el cubo de agua y yo llorando a moco perdido, porque me sentía una asesina de pollitos.
      Me ocurrieron muchas vivencias, y casi todas muy lindas, hasta los 5 años viví en el campo y lo increible, es que con la libertad que tenía, me movía por las huertas de mis vecinos, los caminos, o el arroyo de Santa maría, nunca me ocurrió nada.

      Un abrazo desde el corazón.
      Ángeles

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  12. ¡¡Pobrecita niña!! Lo que tuviste que sufrir de ver borrachos a los pollitos.
    Lo mío fue peor, pues contaba mi madre que cuando empecé a caminar, un día que se descuidaron estrujé a varios pollitos, los cogía, apretaba y los tiraba...No me gané una zurra porque creo que tenía apenas un añito.
    El caso es que ahora nuestros niños no han vivido tan "hermosas travesuras".
    Un beso bien fuerte guapetona.

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    1. Ni lo imaginas Mª Ángeles, y lo peor es que me sentía culpable, hasta que mi padre me hizo comprender que yo era una niña buena y había creído que les daba de comer.
      Ah y otra vez, les bauticé y fue el descoque total, algún día lo contaré.

      Un abrazo de luz.
      Ángeles

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  13. Cuanta ternura y belleza en tu dulce historia... Gracias por compartirla y que bueno que no fuiste "matadora" de pollos

    Paz&Amistad

    Isaac

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    1. Sí Isaac, tuve una infancia muy linda y llena de aventuras, yo era la única niña de los propietarios de las huertas, mis vecinos, y todos me mimaban y querían, crecí entre rayos de sol, flores y animales de todas clases, además de personas íntegras que me dieron mucho cariño.
      Estoy volviendo a releer tu libro, gracias Isaac, me está volviendo a hacer mucho bien, es una luz que disipa las tinieblas.

      Paz y un abrazo de luz.
      Ángeles

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  14. Cuanta ternura y amor Ángeles, y cuanta inocencia... Me ha encantado, junto con las imágenes tan bellas. Así es tu corazón de tierno. Gracias por compartirlo.

    Un fuerte abrazo.¡Feliz verano tambien para ti.! Dios te bendiga.!!

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  15. Hola Marian, es cierto que crecí en mis primeros años rodeada de ternura, inocencia y sobre todo mucho amor de mi padre, recuerdo que cuando llegaba del trabajo y se aseaba, siempre me llevaba a la iglesía derruída que se la comieron las hormigas (quizá termitas) y yo lloraba porque también creía que se habían comido a Dios, porque no había ninguna imagen y al principio lloraba por Dios, devorado por las hormigas malas y él me llevaba para hablar con Dios, porque él me enseñó que Él continúaba allí y escuchaba lo que yo y él le decíamos.

    Un abrazo de luz, Mariam.
    Ángeles

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