sábado, 4 de febrero de 2023

Saludo de Bienvenida


A ti que has llegado a mi blog, te recibo con una cálida acogida…¡ se bienvenid@! Los relatos que puedes encontrar aquí, son pequeños destellos de mí alma  que me desbordan  en sentimientos, intimistas, llenos de desgarro, belleza, denuncia social… ¡todo aquello que me seduce! donde flamean  y me impulsan a escribirlos sobre el blanco papel, porque si no lo hago, sé que desaparecerán como las hojas bruñidas que llora el otoño hacia el hueco vacío de la nada.

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    Dicen que los niños vienen al mundo “con un pan bajo el brazo”, yo no, yo debí venir con folios, lápices y pluma… escribir para mí ha sido siempre una necesidad de mi alma, que me impulsa a abrir la puerta donde se trenzan los sueños y dejar en libertad los sentimientos, labrando el desierto o sembrando el mar, como las sombras y luces del calidoscopio de la vida.Nunca he escrito para obtener el reconocimiento de nadie, pero he obtenido varios premios literarios, publicado en diferentes medios y editado cuatro libros junto a mis alumnos del Taller de Literatura que dirijo: “Huellas en el sendero”, “Agua Fresca”, “La danza de los cometas” y Sentimientos de mujer.  “Como agua de Luna” es mi primer libro en solitario, que ya vuela libre en alas del viento, dejando su huella, escribiendo su melodía de agua en el pentagrama del tiempo. Ángeles Marcos

miércoles, 30 de septiembre de 2020

SOS DE TERROR ( A Nikolai, Andrei y Pawel con mi cariño)

La tarde era como un sueño maravilloso después de días confinados por el maldito virus, estaba en mi pueblo, respiraba libertad, bebía la luz del sol y una brisa cantarina se enredaba en las encinas y acariciaba mi rostro. Estaba en la orilla del rio en mi lugar escondido, allí donde mi alma se conecta con la naturaleza virgen y siento que yo soy parte de ella.
 Me gusta nadar en esas cristalinas aguas y pescar con anzuelos no muerte, devolviendo al río lo que pesco sin causar ninguna herida. Mis pies descalzos pisaban la arena y matas de poleo que aromaban el aire De pronto me pareció escuchar una voz pidiendo socorro, saqué mi caña del agua y escuché con atención, sí, era una voz que pedía auxilio. Tony leía bajo una encina y se puso en pie - ¿Lo has oído verdad? -Si, sonaba por allí…por muchos sitios el rio está lleno de juncos de lujuriante altura y no se le ve. Los dos corrimos hacia el lugar de la voz, solo pensábamos en encontrar de donde procedía, parecía la voz de un niño.
Cuando llegamos vimos a dos niños, uno dentro del agua atrapado en un gran junqueral de la orilla del rio medio hundido en el agua, era pequeño y lloraba aterrado, sus pequeñas manos se aferraban a los juncos y cerca de él, estaba el que pedía socorro llorando también sin saber cómo ayudarle. Con una sola mirada vimos la trampa en la que había caído el niño…debió creer que pisaba tierra y eran juncos, cayendo al agua. Tony corrió para encontrar el lugar por donde poder entrar al río y sacar al pequeño. Yo intenté tranquilizarle, acercándome a él todo lo que podía, no se distinguía donde terminaba la tierra y fluía el río… él me tendía su pequeño brazo para que le sacase de allí, pero por ese lugar era imposible y le dije que mi marido le iba a sacar en unos momentos. –No te entiende, me dijo el qué estaba fuera del agua, no habla español. Entonces me di cuenta que el qué me hablaba tampoco le hablaba bien y le dije que tranquilizase al niño con las palabras que yo le había dicho…No sé en qué idioma le habló pero el pequeño dejó de llorar… Vi que Tony se acercaba nadando al lugar, el nerviosismo y el miedo me llenaban, todo era un pantanal de juncos, algas filamentosas marrones y verdes como una alfombra no se veía el agua-¿Pisas el suelo del río? le pregunté con miedo.-No, está muy hondo, pero puedo avanzar bien nadando, no tengas miedo. Minutos de pánico y esperanzas me llenaban, al final Tony llegó hasta donde estaba atrapado el pequeño y le comenzó a hablar, pero le dije -No te entiende, no habla español…No sé cómo le abrazó, era un niño muy pequeño, y con él en brazos consiguió salir de esa cruel trampa del río llevando al niño sobre sus espaldas.
Corrimos hacia el lugar donde acababan los juncos, unos 200 metros y vi como mi marido nadaba con el niño agarrado a su cuello… comencé a llorar por la tensión acumulada y al ver que los dos estaban a salvo. Al llegar a la orilla soltó al pequeño que corrió a refugiarse en los brazos del otro niño, yo despacio me acerqué a Tony y también me abracé a él sin poder hablar. El terror había huido en retirada. Me acerqué a los niños y abracé al pequeñín, con palabras en español, pero él niño sabía que le estaba dando cariño porque se abrazó a mi cuello con fuerza y solo me repetía ¡matka, matka…- Está llamando a nuestra madre, dijo el mayor. Después de varios minutos hablando con él supimos que eran polacos y hermanos, el pequeñín tenía 7 años y se llamaba Nikolai y el mayor Andrei, tenía 11. Intentaban por la orilla del río coger algún pez con una especie de caza mariposas…para llevar comida a su casa. Dios mío, fue un grito mudo que me rompió en alma. ¿Coméis estos peces? Pregunté. Si, son buenos, pero encontramos pocos…
Respiré mirando al cielo azul de la tarde y les dije, pues vamos a coger ahora muchos y cogiendo la caña de pescar que había tirado revisé el cebo y la lancé al río. Pegadito a mí Nikolai se iba tranquilizando, yo intentaba dar la mayor naturalidad al momento para que olvidase lo que acababa de vivir, por eso cuando me picó la primera carpa y la saqué del agua, fue una fiesta total, los dos niños saltaban de alegría, el momento era mágico. 
Volví a tirar la caña y saqué un barbo, nueva fiesta con gritos de alegría, era una gozada ver así a los pequeños.-Espera- me dijo Andrei y desapareció corriendo. Volvió con un cubo de plástico viejo y cogiendo agua del río metió en él los dos peces. Pesqué cuatro carpas más, porque ya no cabían más en el cubo. ¿Podemos volver mañana y tú pescas para nosotros? me dijo Andrei- Claro que sí, ¿de dónde venís? –Del campo del tabaco, mi padre trabaja allí.
Pues vamos todos al coche que os llevamos y mañana podéis venir, que yo pescaré para vosotros. Este pescado es bueno y muy rico. Al día siguiente cuando llegamos había un niño más y dos cubos esperándonos.-Es mi kuzyn, mi primo Pawel y trae su cubo también… decir que me dio un ataque de risa es poco. Me había convertido en la pescadora oficial de esos niños… y así fue durante todos las días que estuvimos en mi pueblo, pude pescar lo suficiente para llenar los dos cubos y hacer felices a esos tres niños El grito de socorro de Nikolai, se convirtió en una multiplicación de peces!
¡Dios escribe derecho con renglones torcidos!

miércoles, 2 de septiembre de 2020

¡ UNA HERIDA EN EL ALMA !

Este verano, Carola y yo íbamos por la calle principal del pueblo, cuando una anciana en silla de ruedas, se interpuso delante -¡Hola-dijo -Hola respondimos las dos -¿Me conoces? dijo dirigiéndose a mí.-¿Yo?- dije. -Si tú- La miré detenidamente intentando encontrar en su rostro lleno de arrugas alguna señal reconocible, pensaba si sería algún familiar de alguna amiga, una antigua profesora mía, nada y la dije-¿Se supone que la debo conocer?- Sí y mucho.- Perdone no la recuerdo de nada, quizá se ha confundido usted. -No, ¿eres Nines verdad? (así me llaman mi familia y amigos) te he reconocido por tus ojos, sigues teniendo en ellos la luz de tu alma, y lo que me han hecho llorar…¡Ya sí que me desconcertó, qué yo la había hecho llorar! La respondí, lo siento mucho, no creo que yo la haya hecho nada a usted, puede decirme cuando y dónde, ella me miró y me dijo -¡El campanario de San Pedro…!En segundos esta frase me hizo recordar una vivencia dolorosa escondida en un rincón de mi alma, la volví a mirar y dije -¿ La señorita Petri? -Si cariño, nunca sabrás lo que he llorado por lo que te hice.

Entonces los recuerdos volvieron nítidos, como si los años no hubieran pasado y sentí dolor, dolor al recordar lo vivido. Con 9 años nos vinimos a vivir al pueblo, yo tenía que estudiar y hacer el ingreso de bachiller. Me encantó el colegio, era un lugar mágico donde cada día aprendía cosas nuevas. Y lo más maravilloso había una capilla donde vivía Dios, el Dios de mi infancia estaba allí y podía hablarle cuando iba con toda mi clase, o a solas en los recreos. A veces hasta le cantaba pequeñas canciones, como hacía en la puerta de la Iglesia de Malhincada qué se comieron las hormigas.

Un día después de cantarle le dije-¡Dios me voy, mañana vuelvo! Pero entonces salió una monja de la sacristía y me pidió que volviese a cantar algo a Dios… con mucha vergüenza le canté despacito otra canción… la monja me dijo que cantaba muy bien y que iba a formar parte del coro del colegio. Y así sucedió, yo no sabía si cantaba bien o mal, lo mejor era que le podía cantar a Dios y ello me hizo muy feliz.


Una vez, fuimos a cantar a la iglesia de San Pedro en la misa del Gallo y la señorita Petri, que tocaba un órgano grande, maravilloso y era la directora, me escucho cantar el solo de una nana muy linda… y quiso que cantase en el coro de la iglesia también. ¡Mi padre me decía que era un gorrión que comenzaba a salir del nido… porque así sucedía, siempre vivía algo nuevo!

Un día llegué muy pronto al coro de la iglesia y como no había nadie, comencé a mirarlo todo con la curiosidad de mis 9 años y de pronto vi una puerta, la abrí y ante mí apareció una escalera de caracol, qué ni sabía lo que era, pero comencé a subir por ella, con vueltas y más vueltas, hasta que llegué a un lugar lleno de campanas con cuatro ventanas desde donde se veían los campos, el pueblo, la sierra de Gredos y al asomarme por una ventana vi un nido de cigüeñas que podía tocar casi con mi mano… corrí a la otra ventana y había otro nido y otro y otro ¡era un pueblo de cigüeñas...! y este descubrimiento me llenó de felicidad el alma. Desde pequeña las cigüeñas habían sido mis amigas y las hablaba a gritos en la iglesia rota de Malhincada porque estaban muy altas y ahora hasta las podía tocar…¡Dios mío era lo mejor del mundo mundial!

Este secreto no le compartí con nadie, siempre que tenía que cantar en la iglesia me iba muy pronto y subía por la escalera de caracol para poder hablar con ellas. Un día no me dí cuenta del tiempo que llevaba en el campanario parloteando con las cigüeñas, cuando sentí un terrible tirón de mis trenzas y caí hacia atrás al suelo, hiriéndome las rodillas, la señorita Petri estaba allí, mirándome furiosa, con ira y me mandó bajar rápido, yo llena de vergüenza y toda despeinada bajé llorando por las escaleras.

Al terminar de cantar en la novena de Santa Rita, la señorita Petri, se quitó del órgano y delante de todos los del coro, me dio dos enormes bofetadas en la cara qué me dejaron sentada en el suelo…¡Nadie nunca me había pegado y me quedé asombrada y llena de terror, contenía las lágrimas de mis ojos! La señorita Petri me dijo que era una niña mema, estúpida, tan estúpida como las cigüeñas con las que hablaba. ¡Ay Dios, por el insulto a las cigüeñas no pasé! no sé de donde saqué el valor para contestarla y la dije. ¡La mema y la estúpida es usted, las cigüeñas son amigas de Dios, por eso hacen sus nidos en las iglesias, usted es mala, mala por pegar a una niña, nadie me ha pegado nunca, ya no vuelvo más aquí!¡ y llorando bajé del coro y salí de la iglesia.

La señorita Petri, fue a mi casa, me pidió perdón habló con mis padres, pero yo no quería volver con ella, fue al colegio, habló con la madre Superiora, y supe lo que la había dicho …¡Qué yo no volvería obligada, porque ella había olvidado que Jesús dijo: ¡Dejad que los niños se acerque a mí porque de ellos es El Reino de los Cielos”…¡y ella me había maltratado!


Salí de mi burbuja atemporal y con dolor la dije: ¡Me hizo mucho daño, era solo una niña inocente y usted se burló de mí delante de todos, usted me enseñó que había personas malas y lo que eran el rencor y el odio, esos sentimientos yo los desconocía, pero también aprendí a perdonar…y lo hice! Hoy no se preocupe por ello, viva todo lo feliz que pueda y perdónese usted misma si puede…Carola me cogió por los hombros y me alejó de la señorita Petri.

 ¡Brillaba el sol!